En su primera semana en Francia de vuelta de vacaciones y de un tour de reuniones por distintas ciudades europeas, la Cumbre de Jefes de Estado Europeos y Africanos era el formal encuentro que protagonizaba la jornada del lunes. Sin embargo, una simpática escena vino a dar color a la reunión cuando, para sorpresa de todos, Nemo, el nuevo perro de Emmanuel Macron salía junto al presidente a recibir al resto de mandatarios, engalanado con un collar rojo.

Se trata de un ejemplar de casi dos años, un Labrador negro cruzado con Grifón, que el matrimonio recuperó en un refugio de la Sociedad Protectora de Animales (SPA), en la localidad de Tulle, en el centro de Francia. La misma ciudad, por cierto, donde François Hollande fue alcalde y donde ha vuelto a instalarse después de dejar el Elíseo.

Según contaba el diario ‘Le Figaro’, Brigitte Macron acudió al refugio a principios de mes para conocer las instalaciones en un centro de la región parisina, ver los animales y dar algunas indicaciones de lo que buscaban. La asociación pensó en este juguetón perrito llamado Marin, que se encontraba en Tulle, y, según cuentan, tanto Emmanuel como Brigitte Macron quedaron prendados de él en cuanto lo vieron. El francés pagó los 250 euros que exige una adopción de este tipo y se negó en rotundo a que se lo regalaran la SPA, como propusieron en un principio.

Macron, que siempre ha destacado su faceta literaria, lo ha bautizado como Nemo, en honor al capitán de Veinte mil leguas de viaje submarino, la famosa novela de Julio Verne, y una de las favoritas del presidente. Un ejemplo para el país con más abandonos de animales. “Que un presidente adopte es un acto inédito con un fuerte simbolismo. Es el ‘primer perro’ de Francia y estamos muy orgullosos”, contaba Natacha Harry, la presidenta de SPA en las páginas de ‘Le Figaro’.

Así, Nemo pasó a ser el “primer perro de Francia”, siguiendo con una larga tradición que remonta a Georges Pompidou. La vida de François Mitterrand quedó marcada por Baltique, la Labrador negra que acompañó al socialista durante sus últimos años de vida y cuya imagen, esperando ante la iglesia en la que se celebraba el funeral del presidente, quedó en el recuerdo de todos los franceses. También Sarkozy tuvo un Labrador, beige en este caso, y hasta hace aún unos años sonaban los ecos de los históricos muebles del palacio del Salón de Plata, que tuvieron que ser restaurados tras ser mordidos y arañados por las mascotas del conservador, lo que costó unos 6.000 euros. La última inquilina perruna fue Philae, un regalo a Hollande de la Federación de Antiguos Combatientes Franceses de Montreal, en 2014. La perrita, de nuevo una Labrador negra, vive todavía con expresidente.

Mientras tanto, y a la espera de las imágenes de Nemo que queden también para la historia, la Sociedad Protectora de Animales ha agradecido el gesto en pleno verano, cuando las cifras se multiplican. En 2016, los refugios de SPA recogieron cerca de 60.000 mascotas, el record hasta la fecha, con un 24% más de abandonos que el año anterior. Francia es el país de Europa donde más animales son dejados por sus propietarios, en muchos casos por el comportamiento de la mascota, pero también por traslados, cuestiones familiares o problemas económicos.

Fuente: elmundo.es

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