Cruel Indiferencia

Desde el ejercicio de mi profesi√≥n como m√©dico veterinario he sido testigo de la desidia ante las crueldades que se cometen casi a diario con los animales. Lo que no sabemos es que para maltratar a un animal no es necesario herirle f√≠sicamente, sino hacernos de la ‚Äúvista gorda‚ÄĚ ante tales atrocidades. La siguiente historia est√° basada en una experiencia personal que me hizo reflexionar sobre lo insensible que podemos llegar a ser los seres humanos para con estas criaturas.

Era una tarde soleada, de esas que anima el esp√≠ritu del hombre que aprecia la naturaleza y cuanto en ella existe. La v√≠spera de Navidad, en compa√Ī√≠a del clima, se hab√≠an encargado de colmar las calles de personas que caminaban de un lado a otro, con sus manos cargadas de obsequios y preparativos para la gran cena. La Cl√≠nica Veterinaria donde laboraba se hab√≠a abarrotado de mascotas, que sus amos mandaban para ‚Äúembellecer‚ÄĚ, en su mayor√≠a, dado el acontecimiento que estaba por venir. Todos nos encontr√°bamos ocupados, y por momentos pens√°bamos que no terminar√≠amos con todas las mascotas antes de Navidad. De pronto la secretaria anunci√≥ una llamada para m√≠. Le ped√≠ que dijera a quien llamaba que estaba ocupado y que repitiera la llamada m√°s tarde, pero la persona insisti√≥ en hablarme‚Ķ

  • en que puedo ayudarle le dije
  • es para que venga a ver un gatito que est√° llorando y no s√© qu√© le pasa
  • ahora no puedo, m√°s tarde cuando me desocupe ir√©
  • mire el gato no es m√≠o pero me da l√°stima escucharlo

Pregunt√© sobre los s√≠ntomas que presentaba el animalito y el tiempo de estar padeci√©ndolas, a lo que ella respondi√≥: ‚Äúel gato est√° en √°rbol desde ayer, y parece que no puede bajar‚ÄĚ.

En aquel momento, autom√°ticamente cambiaron de prioridad las situaciones y me dirig√≠ de inmediato al rescate. Mientras conduc√≠a hacia el lugar, en mi mente imaginaba la situaci√≥n: un √°rbol bastante alto, rodeado de curiosos y alg√ļn intr√©pido intentando bajar al animalito; pero la realidad me impact√≥ como si hubiera tenido una pesadilla y al despertar √©sta hubiese sido real. Tal √°rbol result√≥ ser un peque√Īo arbusto y no hab√≠a ning√ļn curioso, mucho menos un intr√©pido, y el infortunado animal colgaba con la cabeza hacia abajo. Aparentemente, una de sus patas traseras se enred√≥ en una guirnalda, de las que se usan para dar realce a la √©poca, en que el hombre recuerda el amor y la paz sobre la tierra; pero tal parece que ese amor y esa paz s√≥lo se extiende al g√©nero humano, pues nadie tuvo piedad del llanto de aquel felino. Al verme llegar, la se√Īora que hab√≠a llamado sali√≥ a observar. El animal hab√≠a colgado tanto tiempo de la guirnalda, que s√≥lo el hueso imped√≠a que √©sta mutilara su pata, la cual presentaba un grado avanzado de descomposici√≥n, que unida a la desnutrici√≥n indicaban con seguridad que llevaba as√≠ m√°s de tres d√≠as.

En aquel momento, mi indignaci√≥n era tal, que le hice ver con voz en√©rgica a la se√Īora, que el gato llevaba m√°s tiempo del que ella supon√≠a; pero muy calmada respondi√≥ que lo escuch√≥ llorar, y tambi√©n a su mam√° maullando, pero pens√≥ que era una reuni√≥n familiar entre madre e hijos.

Bajé al gatito del arbusto y lo coloqué en el césped, donde, con una mirada de ternura, en medio del dolor murió ante los ojos de quien tanto lo escuchó sufrir.

Pens√© que de esta historia ya no me faltaba nada por saber, cuando una ni√Īa se acerc√≥ al animalito, suspir√≥ con tristeza y dijo: ‚Äúpobre gatito, su mam√° lo vino a buscar varias veces con sus hermanitos, pero √©l no se baj√≥ del √°rbol y ella se fue‚ÄĚ.

‚ÄúCrueldad no es maltratar f√≠sicamente a un animal, sino tambi√©n ser sordo, mudo y ciego ante las necesidades de los mismos‚ÄĚ.

 

Dr. Nicanor Bravo Ru√≠z ‚Äď M√©dico Veterinario

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